JAVIER MUGURUZA
La música de Jabier Muguruza de ambiente tranquilo y elegante esta orientada hacia un pop preciosista e intimista. Me resulta difícil hablar de sensibilidad, de delicadeza, de perspicacia en estos tiempos que corren. Que corren demasiado en términos de dureza, impaciencia, susceptibilidad... El dinero ha transformado muchos valores, ha dotado al tiempo de una nueva cotización y la crítica, la reflexión, el pensamiento, parecen, no ya lujos, sino caprichos de intelectuales o, simplemente, mariconadas. Me duele y me escuece este tiempo de bigotillos y paddle, de teléfonos móviles descerebrados y de cuerpos esculturales huecos de emoción. Echar un polvo sí, pero antes toma precauciones, hazlo con alguien que tenga dinero y una posición, aunque si sólo tiene (y le sobra) lo primero ya es suficiente. Te juegas el futuro, tu futuro. Y la gente grita, se mata con un cuchillo de cocina, se pelea en las puertas de las discotecas y se rebela contra una decisión arbitral. Tiene prisa en las autopistas dieciséis válvulas y usa los codos para ganar la posición, por ser el primero de la fila. No sé si todo esto sirve para presentar un disco. Es la primera vez que lo hago. Pero si tengo que hablar de Jabier Muguruza, esta introducción sirve para explicar -al menos en mi caso- quién es y lo que significa su música. Es decir, no sabría decir como es, pero sí sé decir claramente lo que no es. Y Jabier no es como todo el mundo (Perdónenme, pero es que últimamente la gente se empeña en generalizar y en ser como todo el mundo). ¿La vida es bella? O ¿es el Oscar quien la hace bella? La música de Jabier Muguruza es bella y esta afirmación suena ya a perogrullo teniendo en cuenta que Jabier ha editado ya tres discos en solitario y tres con Les Mecaniciens (Un extraordinario grupo vasco de pop, créanme). La música de Jabier es sensible, porque Jabier es sensible a la vida. Sus canciones son inteligentes porque Jabier observa la vida con perspicacia. Y nos susurra sus observaciones transformadas en melodías dignas de un artista tímido que, ni profetiza ni aventura, afirma con una convicción que sólo da la tierra que uno pisa, la realidad indiscutible que le ha visto crecer. En el país de Obabakoak las canciones de Jabier son como el viento que se cuela entre los valles y peina la hierba, para que aquellos que gustan de subir montañas puedan leer desde lo alto las palabras claras y rotundas de una lengua viva que sabe sonar hermosa, llena de sutileza, fragante, sedosa. Y leer también, en ellas, con los pies en la hierba, secretos a voces, realidades y deseos. Las canciones de Jabier son pájaros que corren, avestruces que observan, cebras camufladas, erizos aturdidos, jirafas al trote. Son antídoto para las picaduras de la mediocridad, bálsamo ante el griterío general, refugio de sensibilidades acorraladas, faro de navegantes analógicos, estación de partida en la que tomar el tren definitivo hacia la lucidez. Ultimo aviso para los señores oyentes. Suban al tren, no se arrepentirán. Jordi Turtós (TV3--Sputnik) fuente: Esan-Ozenki
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